La historia de Yeshua Ben Josef, conocido universalmente como Jesús de Nazaret, puede reconstruirse desde una perspectiva religiosa, pero también de manera científica e histórica, separando al hombre de carne y hueso de la figura divina construida posteriormente por la fe. El testimonio de autores antiguos como Tácito y Flavio Josefo, junto con hallazgos arqueológicos, confirman que se trató de un hombre real que vivió bajo el dominio romano. Su imagen actual de Cristo ha sido moldeada por tradiciones posteriores, incluyendo la selección de los evangelios y la iconografía artística, y donde la fe ha ido añadiendo su divinidad y los dogmas. En nuestro país, el filólogo e historiador Antonio Piñero es uno de los mayores referentes de la figura histórica de Jesús, aunque el debate ha sido, es y será continuo.
El séptimo arte no ha sido ajeno a intentar describir, con más o menos éxito, la vida de Jesucristo. He aquí algunos títulos emblemáticos: El rey de reyes (Cecil B. DeMille, 1927), Rey de reyes (Nicholas Ray, 1961), El Evangelio según San Mateo (Pier Paolo Pasolini, 1964), La historia más grande jamás contada (George Stevens, David Lean, Jean Negulesco, 1965), Jesús, María y José (Miguel Zacarías, 1971) y La vida de nuestro Señor Jesucristo (Miguel Zacarías, 1980), Jesucristo Superstar (Norman Jewison, 1973), Godspell (David Greene, 1973), El Mesías (Roberto Rossellini, 1975), Jesús de Nazaret (Franco Zeffirelli, 1977), Jesús (John Krish, Peter Sykes, 1979), El día que Cristo murió (James Cellan Jones, 1980), La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988), La Pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004), En busca de la tumba de Cristo (Giulio Base, 2006), Hijo de Dios (Christopher Spencer, 2014), Últimos días en el desierto (Rodrigo García, 2015), Killing Jesus (Christopher Menaul, 2015), El joven Mesías (Cyrus Nowrasteh, 2016), Resucitado (Kevin Reynolds, 2016).
Y estas Navidades se ha estrenado una película de animación para la infancia (pero que se comparte muy bien en familia) con un título similar a los dos primeros títulos reseñados en la lista previa: El rey de reyes (Seong-ho Jang, 2025), película surcoreana que adapta la vida de Jesús desde una perspectiva infantil y familiar. Su enfoque innovador combina la literatura victoriana de Charles Dickens con los Evangelios, priorizando el mensaje de redención accesible para niños y niñas. Y es que la película está inspirada libremente en el libro infantil “The Life of Our Lord” de Charles Dickens junto con fragmentos del Nuevo Testamento. Y es que ese pequeño libro de Dickens fue escrito entre 1846 y 1849 para sus hijos pequeños y comienza así: "Queridos hijos, estoy muy ansioso de que sepáis algo sobre la Historia de Jesucristo. Porque todo el mundo debería saber de él. Nadie vivió nunca que fuera tan bueno, tan amable y tan apenado por todas las personas que hicieron mal, o estaban de alguna manera enfermas o miserables, como él". Era un cuento que leía cada Navidad la familia Dickens, y el autor les hizo prometer que nunca saliera del entorno familiar. Varias décadas después, por mayoría de votos, la familia decidió publicarlo: fue en 1934, 64 años después de la muerte del genial literato inglés.
Y la primera pregunta que surge es cómo una película así procede de Corea del Sur. Y es cuando descubrimos que este país, de tan prestigioso cine desde que despuntó el siglo XXI, alberga una de las comunidades cristianas más dinámicas de Asia (alrededor del 30% de la población), con fuerte tradición en animación cristiana vía estudios como Mofac Animation. Y es así que su director, Seong-ho Jang, debuta en el largometraje con esta historia que tiene el objetivo de exportar fe cristiana globalmente y con ello responde a la demanda de animación bíblica familiar. Y para conseguirlo utiliza animación 3D con mezcla de elementos clásicos y modernos, ritmo dinámico y épico que suaviza la violencia (evita el infanticidio de Herodes o la sangre en la Crucifixión), una banda sonora emotiva y diseño visual que priorizan la inmersión emocional sobre innovación técnica, ideal para catequesis. Cabe reseñar que acudí a verla el primer día del año con mis tres nietos (8, 5 y 2 años) y fue una agradable sorpresa cómo aguantaron (y disfrutaron) de los 101 minutos de metraje.
La película comienza con Charles Dickens en el teatro, en la representación de una de sus obras icónicas de la Navidad: “A Christmas Carol”. Se siente acompañado detrás del telón por su esposa Catherine y tres hijos, momento en que el pequeño Walter interrumpe en escena imitando con su espada al Rey Arturo. Esa noche, al volver a casa, y por consejo de su dócil esposa, le aconseja que se gane a Walter contándole una historia. Y esa historia le promete que será más épica que la del Rey Arturo, pues será la de “el Rey de reyes”, Jesucristo: "Quiero contarte una historia hijo: la historia más grande jamás contada tiene ángeles, reyes, ruines, rivales celosos y milagros". Y a través del viaje de Jesús, la relación entre Dickens y su hijo culmina en un vínculo de amor forjado a través de la narración. Cabe destacar que la historia pasea a Walter (y a nosotros, los espectadores) por los momentos clave de la vida de Jesucristo, resultando especialmente pedagógica para los más pequeños: enseña que Jesús es accesible, transforma miedos en esperanza y anima a "ser buenos" como discípulo.
Es muy agradable aprender cómo la figura de Jesucristo, una de las más admiradas (y discutidas) de la historia, pasa de la pluma de los Evangelios (principalmente de Matero y Lucas) a un cuento dickesiano, para finalizar en una película de animación surcoreana. Un viaje alucinante. Y mientras el libro es texto directo y austero, la película añade elementos visuales, emocionales y ficticios para captar a la infancia de hoy en día (incluida esa gata que, sin duda, no es la mascota mejor conseguida en ficción). Y así leemos en el cuento original: "Es cristiano hacer el bien siempre, incluso con aquellos que nos hacen mal. Es cristiano amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y tratar a todas las personas como nos gustaría que nos trataran a nosotros".
Solo un aspecto histórico que parece idealizado en la película: aquí aparece Charles Dickens con su mujer Catherine, una mujer angelical con el marido y su tres hijos; y así debió ser en un principio del matrimonio. Pero lo cierto es que esa relación se deterioró tras diez hijos y problemas de salud, volviéndose fría y abusiva por parte de él, quien se enamoró de una actriz joven (Ellen Ternan) y, en 1858, se separó públicamente (sin llegar a divorciase), intentando incluso internarla en un manicomio, una acción que hoy se considera infame y que mostró el lado más oscuro y cruel del novelista victoriano. Un addendum que nada tiene que ver con la película, pero quizás algo más con el contexto de la lectura familiar en Navidad de “The Life of Our Lord”.
Decir que la película ha contando con un alto presupuesto de alrededor de 25 millones de dólares y una participación estelar en el doblaje de voces: Kenneth Branagh (Charles Dickens), Uma Thurman (Catherine Dickens), Roman Griffin Davis (Walter Dickens, hijo de Dickens), Mark Hamill (Rey Herodes), Pierce Brosnan (Poncio Pilato), Forest Whitaker (Pedro), Ben Kingsley (Caifás), Oscar Isaac (Jesús).
Y en estas épocas entre Navidad y Reyes se echan de menos películas que lleguen a los más pequeños alrededor de la figura de Jesús. Sin duda, una película para familias creyentes, pero a buen seguro para todos incluye buenos valores, como en su tiempo ocurrió con otras películas de animación tal que El hombre que hacía milagros (Derek W. Hayes, Stanislav Sokolov, 2000), Jesús de Nazaret (¡Viene el Mesías!) (Richard Rich, 2003) o Jesús, luz del mundo (Tom Bancroft, John J. Schafer, 2025). Y porque, seamos practicantes cristianos o no, lo cierto es que el Cristianismo es la religión más practicada del mundo (con unos 2.400 millones de fieles), una religión monoteísta basada en la vida, enseñanzas, muerte y resurrección de Jesucristo, considerado el Hijo de Dios y Mesías que redimió a la humanidad del pecado. Una figura, la de Jesús, que ha influido en la cultura occidental, religión, ética, arte y leyes,… y que cabe conocer.


